Buscar trabajo en el mundo de los eventos y el protocolo: entre la pasión y la frustración

Buscar trabajo en el mundo de los eventos y el protocolo: entre la pasión y la frustración

Por Jorge Hurlé Palacio.

A veces siento que buscar trabajo en el mundo de los eventos y el protocolo es, en sí mismo, una prueba de resistencia emocional. Enviar un currículum tras otro, redactar cartas de motivación, preparar portafolios, revisar ofertas, adaptarse a perfiles cada vez más específicos… y, a pesar de todo, ver cómo el silencio se convierte en la respuesta más frecuente. Ni una entrevista, ni un correo, ni siquiera una oportunidad para explicar lo que uno realmente puede aportar.

Lo más frustrante no es el esfuerzo, sino la sensación de invisibilidad. La de tener formación, experiencia, idiomas, proyectos que demuestran capacidad —y aun así, quedar fuera antes de poder demostrarlo. El mundo de los eventos y el protocolo, tan ligado a la imagen, al detalle y a la excelencia, parece a veces moverse en círculos cerrados donde la oportunidad depende más del “quién” que del “qué”. Y eso duele, sobre todo cuando uno ha invertido tanto en convertirse en un profesional preparado y polivalente.

Sin embargo, entre la frustración y la duda, también intento detenerme a pensar: ¿qué puedo hacer para cambiarlo? Quizás no puedo controlar las decisiones de los demás, ni el mercado, ni la suerte, pero sí puedo revisar mi enfoque.

Puedo empezar por replantear mi estrategia de búsqueda: menos cantidad, más calidad. No solo enviar currículums, sino construir una red de contactos real, humana, basada en intereses y proyectos compartidos. Tal vez la clave esté en dejar de buscar solo “puestos” y empezar a ofrecer “soluciones”: mostrar en cada contacto, cada publicación, cada mensaje, qué valor puedo aportar, qué problemas puedo resolver, qué mirada diferente tengo sobre este sector.

También debo visibilizar mi trabajo, no esperar a que me descubran. Mostrar proyectos, escribir sobre tendencias, participar en foros, compartir experiencias… porque el talento que no se muestra, se esconde.

Y, sobre todo, recordarme que esta frustración no invalida mi pasión. Que haber elegido una profesión tan vocacional como la organización de eventos o el protocolo significa aceptar que no siempre habrá aplausos ni focos, pero que cada detalle bien hecho, cada persona satisfecha y cada evento impecable son, en sí mismos, una recompensa.

Buscar trabajo no debería hacerme dudar de mi valía, sino fortalecer mi propósito. No se trata de “ser elegido”, sino de seguir creciendo hasta que llegue el lugar donde mi trabajo tenga sentido. Quizás tarde, quizás cueste, pero al final, todo esfuerzo deja huella.